¿A dónde me lleva?

A veces cerca, otras demasiado lejos. Corro, camino, me pierdo, lo pierdo. Por momentos, estiro las manos y siento que puedo rozarlo. Sin embargo... ¿Llegaré a alcanzarlo?

Después, el mar.

Pensé en el mar y, cuando abrí los ojos, ahí estaba, frente a mí. Inmenso, invencible, imparable.
La playa parecía desierta, probablemente el viento frío. Sin embargo, pronto me dí cuenta que no me encontraba sola; a mis espaldas, podía sentir su respiración.
"Dicen que en invierno, la temperatura del mar es más alta", le dije sin volverme.
No contestó, pero pude escuchar un leve chasquido de pisadas.
Yo también empecé a caminar. Mis pies se hundían, era necesario esforzarse para llegar a la orilla. Viento y arena.
Nos detuvimos en el límite, donde el suelo se endurecía y las pisadas dejaban escapar la humedad. Las olas eran gigantes luchando una batalla perdida y sin sentido.
Cerré los ojos, solamente escuchaba los rugidos de la pelea. Tenía frío.
El chillido de un pájaro, haciéndole frente al viento, me sobresaltó. Escuché también sus pasos alejándose.
Quedé allí un momento más, mis ojos fijos en un horizonte que no existe, y luego emprendí la retirada.
Él ya estaba dentro del auto, mirando sin mirar a través de los vidrios sucios.
Subí en silencio.
Dicen que en invierno, la temperatura del mar es más alta.

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