¿A dónde me lleva?

A veces cerca, otras demasiado lejos. Corro, camino, me pierdo, lo pierdo. Por momentos, estiro las manos y siento que puedo rozarlo. Sin embargo... ¿Llegaré a alcanzarlo?

Más allá.


La caída no fue tan terrible. Abajo había un colchón de hojas secas que se desparramaron y saltaron a mi alrededor. Miles de pájaros de papel volando, enredándose en mi pelo, acariciando mi cara; crujían también bajo mi peso.
Allá estaba él, más lejos, corriendo por un camino oscuro, olvidado, o, tal vez, todavía no descubierto, virgen e inexplorado. "Tarde", repetía, "llego tarde".
Le grité con fuerzas antes de levantarme, pero se hizo el que no me escuchaba. Levantó sus orejas un momento y siguió su camino.
Corrí tras él. Mis pasos sonaban en el suelo de tierra, el polvo se levantaba y manchaba de oscuro el borde de mis pantalones.
Más allá, el camino se perdía en la inmensidad de un bosque y doblaba a la derecha en un túnel de árboles.
¿Qué habría más allá?
Ya no lo veía. Pero intuía que estaba allí, agazapado, esperando mi llegada.

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