¿A dónde me lleva?

A veces cerca, otras demasiado lejos. Corro, camino, me pierdo, lo pierdo. Por momentos, estiro las manos y siento que puedo rozarlo. Sin embargo... ¿Llegaré a alcanzarlo?

La chica que cae en un pozo infinito.


De pronto el suelo desaparece bajo mis pies. Quiero asirme a algo, lo que sea, pero mis manos encuentran la nada, y, aunque desesperadamente trato de buscar, todo es oscuridad a mi alrededor. Y arriba. Y abajo. En todos lados.
Así estoy, y me doy cuenta que no caigo, es como si flotara y lentamente me dirigiera hacia..., ¿donde? Ahora, mis ojos acostumbrados a la poca luz, ven estantes prolijamente alineados a lo largo de las paredes del túnel. Hay mil cosas sobre los ellos, no me atrevo a tocarlas, hasta que, al fin, recojo el frasco vacío, menos mal que no me gusta la mermelada de naranja. Si fuera una chica mala, lo dejaría caer para que se estrelle contra lo que sea que haya abajo. ¿Funcionarán para el frasco las leyes de la gravedad? No me atrevo a averiguarlo, soy una chica buena. Lo dejo en cualquier lado, pensando que pronto va a venir alguien a llamarme la atención por desordenada. Un dedo acusador sobre mi cabeza, "lo que se saca se guarda en el mismo lugar". Pero, de todas formas, no podría hacerlo.
Pienso en el conejo blanco corriendo por la madriguera. Creo haberlo visto, no estoy muy segura. Sin embargo, yo me he largado por su culpa en esta aventura. No, no es por su culpa, fui yo quien decidió seguirlo...
¿Se hace tarde?
¿Tarde para qué?

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